22 de Agosto del 2018

Cuando te quedas sin nada y nada es nada

Por Yonadab Cabrera / /

yonachinguen ident

Ahora sé lo que sintió mi amigo Lalo Rivera cuando casi le quitan todo y lo dejan en la calle.

O cuando José José se quedó sin voz y por culpa del alcohol casi lo pierde todo.

Es tan terrible perderlo todo y tener uno de esos días en los que solo falta que te orine el perro o te cague la paloma.

Sí, ya me pasaron ambas cosas y es tan vergonzoso, pero esta vez, este jueves, superé toda perdida de dignidad y orgullo.

Espero que a ustedes igual les haya pasado algo así para no sentirme tan mal.

Neta, díganme, escríbanme si les ha pasado, solo eso podrá salvar al pueblo.

Jajajaja, solo eso me salvará de la desdicha y el infortunio.

Verán.

Salí corriendo de mi casa a muy temprana hora para llegar al gym, tenía una clase de Power jump que no me gusta perderme y que consiste en hacer miles de ejercicios trepado en un trampolín para bajar de peso.

¿Qué creen?

Sí, llegué tarde y me la perdí, pero no solo eso, gracias a mi maldita desesperación por llegar a tiempo y porque ya era tarde, olvidé echar a mi carro un suéter, chamarra, abrigo, sudadera o un chal.

Ya en el gimnasio me di cuenta que no traía nada para abrigarme, aunque quise ser optimista —¡No importa! Ya no hace frío— me dije a mí mismo para convencerme de que no pasaba nada por no traer algo para taparme.

¿Qué creen?

Son las 7 de la noche del jueves 8 de febrero y me cago, me muero de frío y nadie en CENTRAL me quiere abrazar o prestar algo para taparme.

Pero la tragedia no para aquí, muy “pájaro nalgón” (así decía mi querida Selene Ríos) fuimos @virilozz y yo a comer con una buena amiga; mi coche lo dejé en el autolavado, se me hizo fácil avisar al “lavador” de coches que cualquiera de CENTRAL iría a recogerlo, a la cual respondió que estaba bien.

¿Saben qué pasó?

El puto lavacoches no le quiso dar el Suertudo —mi carro— a ningún amigo de CENTRAL, e insistió en que tenía que ir yo. Pero como estaban tan buenas las albóndigas con fríjoles minimicé el tema, pensé que al llegar aún me estarían esperando pese a que fuera después de su hora de cierre.

Pobre iluso, no me esperaron ni cinco minutos, cuando regresé el autolavado ya estaba cerrado.

Imaginé que no importaría no traer suéter pese al frío ni tener coche para irme a mi casa —total puedo usar Cabify— pensé.

Pero este no era el desenlace de la triste historia...

¿Saben por qué?

Porque las putas llaves de mi casa se quedaron en el carro. Sí, las malditas llaves están en el puto carro que está encerrado en el autolavado y mis chamarras colgadas en el closet.

Muero de frío.

No tengo como irme a casa.

Y no tengo llaves para entrar a casa.

Estoy cagado y quiero golpear a todos.

Fin de la maldita, triste y absurda historia.....

Moraleja: Odio a todos.

¡Claro! Chinguen al guapo.

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