Friday, 24 de November de 2017

El narco, el huachicol y la cultura del miedo

Por Betzabé Vancini / /

Tú, yo y el Ello...

México no está en paz, Puebla no está en paz. Y es que desde lo ocurrido en Chalchihuapan, las fuerzas del orden se han convertido en una causa de temor tangible. Pero, no sólo tememos a la represión por las fuerzas armadas sino que también tememos a la rebelión sin sentido y a la delincuencia organizada.

Conflictos en diversos municipios, bloqueos de carreteras, corrupción con las autoridades, esta cultura de “te callas o te mueres”: bienvenido a Puebla. Uno de los punteros en cuanto a violencia de género, feminicidios, robo de hidrocarburos, asesinatos de ediles y otras pesadillas más. Pero, dirían las autoridades, no estamos como Nuevo León, Tampico, Morelos, Guerrero. No señores, pero no estamos muy lejos. En Puebla se respira el miedo. Ese que hace que no salgamos tanto y que cuando sales por la noche a un antro y ves a alguien “muy pudiente” pues mejor te quitas de su camino y haces como que no ves nada.

A eso le llamamos cultura del miedo, donde preservar la vida se convierte en la prioridad aunque eso implique actuar como ciegos y sordos ante lo que pasa a nuestro alrededor. Por supuesto, todo esto tiene implicaciones psicológicas medianamente graves. Por ejemplo, se elevan los niveles de ansiedad, de paranoia y en algunos casos de fobia social. La gente se reagrupa en otros sitios que consideran “más seguros” como centros comerciales y restaurantes. Evitan la socialización con sus vecinos e incluso con padres de familia de los colegios. Existe esta idea frecuente de “ya no se sabe quiénes son las personas” y tristemente están en lo cierto.

¿Qué hacer como ciudadano y persona ante esto? Poner atención a las cosas que ocurren a nuestro alrededor, pero mantener círculos de seguridad y apoyo. Tener a la mano teléfonos de emergencia de familiares y amigos. Saber que nuestros familiares se reportan usualmente a una hora y estar pendientes de las noticias. Evitar andar solos por las carreteras y preferentemente hacer en la medida de lo posible, una vida normal. No es normal tener miedo pero tampoco es normal ver la violencia como algo inevitable y cotidiano. Recuerda que mucho puedes hacer por tu familia estableciendo buenos puentes de diálogo y confianza. 

 

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