Saturday, 18 de November de 2017

Qué perro mi amigo Urbano Deloya

Por E. Sarah Goza / /

queperra ident

De lo que se entera uno en las fiestas VIP a las que te invitan.

El sábado pasado fui a la residencia Deloya, me invitaron mis amigos los bulldog Francés, bueno en especial uno que desde hace tiempo quiere conmigo, pero no se le ha hecho.

Guauu, guauuuuuu, guauuuuuuu.

La verdad sólo me hago la interesante porque bien que se me moja la pantufla.

¡Ay mi Dios perro! Ya me están haciendo bien warra mis queridos perro fans.

Guauuu, guauuuuuu, guauuuuuuuuuu.

Pues mientras cantábamos las Mañanitas, comíamos pastel de carne, gelatina con croquetas y tomábamos nuestras vitaminas para el pelo, escuché con mis orejitas de Pug muy claramente como Urbano Deloya celebraba y festejaba con risa maquiavélica su estocada.

Hasta ganas me dieron de morderlo, pero una damita siempre se comporta y más en la casa de los suegros.

Guauuuu, guauuuuu, guauuuuuuuuu.

Clarito escuché, I misheard, le decía a otro priista que andaba por ahí, que por fin logró sacar del Icadep a Rommel Vélez González quien era el presidente y a la secretaria General, Yazmín Tecozautla Zamora, pues en su afán de quedarse con el instituto priista que dirigía mi suegro Guillermo Deloya —su primo— los empezó a grillar hasta que los destituyeron.

Casi me ahogo con las croquetas.

Urbano Deloya hasta donde escucharon mis orejitas Pug, era el tesorero del Icadep y la burrita de Michel Islas era la secretaria Técnica.
Pobre chava, está bien que sea guapa y de bonito cuerpo, que tenga linaje del PRI y hasta Pedigree, pero a estas alturas de la vida, presumir que reprobó 7 materias y no está titulada no es nada Inn.

Guauuu, guauuuuuuu, guauuuuuuuuuuu.

Y es que el único pecado que cometieron Rommel y Yazmín fue tocar puertas para que los apoyaran, para la clausura de una de las tantas generaciones de la Escuela de Cuadros del Icadep en Puebla.

Pero bueno, a mi querida Blanquita esta vez no la criticaré porque ella ya había sido madrina de generación.

Guauuu, guauuuuu, guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.

Fueron con Lastiri, Doger, Zavala, Estefan y nadie de ellos quiso apoyarlos a menos de que se apropiaran del evento y sirviera para su proyecto político.

Hasta que los besó el Diablo. El único que “Buena onda” fue Alejandro Armenta, quien no les pidió nada, hasta les dijo que si no había problema si llevaba unos regalos para los graduados.

¡Ay mi Dios perro! Estos sonidos que emite mi nariz no son nada agradables, ya me operaré.

Bueno, Urbano Deloya se puso de mil colores, le salió humo por las orejas, enloqueció y acusó a estos dos muchachitos trabajadores de querer venderle el Icadep a Alejandro Armenta.

Y así los empezó a grillar, en cada evento, en cada reunión, en cada café ladraba en contra de ellos. Tanto presionó y convenció que les dieron las gracias y en su lugar pusieron a la burrita de Michel Islas.

Lamento escribir estas líneas, sé que mi suegro Memo Deloya ya no me querrá, que mi amor platónico me odiará, que jamás me podré cruzar con el semental Bulldog francés —el perro de mis sueños— y que tampoco me volverán a invitar a una fiesta.

Pero querido suegro, hasta entre las familias hay clases; aunque Urbano y tú sean de la misma raza y sangre, siempre hay una oveja negra, un arroz negro.

No le creas mucho a ese muchacho ambicioso e interesado.

Me despido mis perrofans, me retiro a comer mis croquetas para superar la pena del amor imposible, pero con la convicción de que delaté a un cínico, descarado.

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