Friday, 18 de August de 2017

Guardando las apariencias para no ser mamás “metiches”

Por Mafer G. Garnica / /

interior cronicaface

Con esta columna quizá me delate un poco, pero lo que les contaré a continuación me puso a pensar y MUCHO.

Era una mañana con frío, tenía mucha hambre y estaba sola, decidí ir por una exquisita memela. Estando ahí presencié lo que a cualquier madre de ahora le podría dar una vergüenza enorme ¡UN DESPLANTE DE TU HIJO!

Resulta que la señora que vende las memelas, tiene la necesidad de que su hija ADOLESCENTE le ayude (aclaración: sí va a la escuela, por las tardes) y pues si le ayuda pero, ya sabemos que a esa edad hacemos caras por todo y cualquier cosa que no nos parezca nos enoja.

Sentí una pena ajena tremenda, pues vi la cara que la señora hizo, fue una mezcla de vergüenza y enojo, ¡Sí, sí, la misma que seguro más de una vez hemos puesto nosotras! ¿A dónde quiero llegar con esto? Pues bueno, si hubieran hecho esa cara hace unos 15 años quizá mi madre me hubiera metido un zape o me hubiera dicho algo enfrente de quien estuviéramos y la vergüenza me la tendría que haber aguantado yo.

¿En qué momento los papeles se cambiaron? Aceptémoslo, ha habido al menos una ocasión en la que nosotros los PADRES hemos tenido que contener nuestra furia y poner nuestra mejor sonrisa, para que la gente no se dé cuenta. O hemos tenido que pasar por al menos una situación vergonzosa por causa de una mala actitud de nuestros adorados hijos.

Y es que fíjense cómo somos, con un solo ejemplo.

Imaginen que es un domingo en cualquier lugar de nuestra bella ciudad, con mucha gente alrededor y cualquiera de tus hijos hace de las suyas (berrinche, contestación, está de pésimo humor, lo que sea) tú:

A) Le llamas la atención y si amerita una nalgada se la das, la gente en automático voltea y empiezas a oír ¿Qué le pasa, no había necesidad de la nalgada? ¿Por qué lo expone de esa manera? ¡Es un salvaje! ¡No debió tener hijos, si los iba a tratar así! Terminas sintiéndote pésimo o te enojas más.

B) No haces nada, para que la gente no “cuchichee” y para no exponer a tu hijo. Te armas de valor y soportas el OSO y ¿Qué crees? De todos modos la gente empieza a murmurar, ¡Si fuera mi hijo, ya le hubiera dado una! ¿Qué le pasa, es el payaso de su hijo? ¡Los padres de ahora, son unos alcahuetes!

Sí, me ha pasado y ¿saben? después de soportar ambas situaciones, llegue a la conclusión de hacer lo que yo crea correcto en ese momento, no podemos seguir aparentando que no nos lleva la fregada. Finalmente son nuestros hijos y están bajo nuestra responsabilidad y somos nosotros los que tendremos que lidiar con ellos de por vida.

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