Monday, 24 de July de 2017

Penas que matan

Por Yonadab Cabrera / /

Chingen al guapo

Me puse muy rojo, pocas veces me he sentido tan apenado y se me sube el color hasta las orejas.

Sudé, sonreí, e intentaba mirar a todos lados, distraer a mis acompañantes, pero ninguno de mis comentarios ocurrentes se me ocurrió, valga la redundancia.

Por más que pensé en un tema de conversación para disuadir la situación incómoda, nada se me ocurrió, no me quedó más que poner mi cara de pendejo, dibujar una sonrisa tímida en mi rostro y huir.

Y es que cuando cometes una indiscreción de la cual tienes toda la información previamente, más bien es una impertinencia, por lo que no se perdona un comentario fuera de lugar.

Pero cuando no tienes el contexto de la historia, información previa o cualquier dato que te dé indicios para no “cagarla”, mereces el perdón de Dios.

Y es que mi amigo El chino —llevo como 7 años de conocerlo y jamás he sabido cómo se llama— va al mismo gimnasio que yo, siempre que lo encuentro desde tiempos inmemoriales cuando trabajábamos juntos en Cambio, me presentaba a su esposa.

Cada vez que nos encontramos en la calle, en el super, en el mercado, el tianguis, los conciertos, el transporte público, en alguna fiesta o en el futbol, me presenta a su esposa, pero nunca nos habíamos puesto a platicar tan detenidamente y siempre respondía “Sí, ya me la presentaste”.

Sin embargo, la mañana de este jueves cuando terminamos una clase de Power jump —que está para morirse de dolor— todo cambió y mi simpatía se fue a la chingada.

Chino: ¿Cómo sentiste la clase?

Yo: Muy buena Chino, pero quiero hacer más nalga y pierna, quiero ser payasita de crucero.

Chino: Para eso toma Pilates, te vas a desmayar, haces un chingo de fuerza en las nalgas y las piernas.

Esposa de Chino: Pero debes llamar como una media hora antes de que inicie la clase para que apartes un lugar, porque sólo hay 10 aparatos y la gente se amontona por uno.

Yo: Ok, lo tomaré en cuenta.

****

Y aquí viene lo bueno

Chino: Por cierto, ¿Ya te presenté a mi esposa?

Yo: Ay Chino siempre nos andas presentando, desde hace años nos presentaste en el Sportraining, y siempre que los veo nos presentas, ya hasta te pareces al Señor Burns que nunca se acuerda de Homero.

Chino: esteeeeeeeeeee, híjole, cómo te explico.

Creo que me desencajé, supuse que había cometido alguna pendejada, pero no sabía qué, ni qué tan grave era, sólo tragué saliva y esperé lo peor.

Chino: Bueno, es que la persona a la que te presenté es la mamá de mi hija, o sea ya no tengo nada que ver con esa señora y la aquí presente es mi esposa.

Yo: ¡No mames! ¡No maaaames! ¡No maaaaames! ¡Qué pena! Perdónenme, no lo sabía, yo pensé que era la misma, pues es que como siempre te veo acompañado por alguien y siempre me andas presentando a tu esposa.

Chino: No te preocupes, no pasa nada. Ya estamos acostumbrados. Mira te cuento una anécdota.

Una vez fuimos ella, es decir mi esposa y yo a comer al Shirushi del boulevard 5 de Mayo y nos encontramos a Zeus, Selene y Mundo; cuando les presenté a mi esposa Selene dijo que también la conocía del Sportraining, igualito a ti, y le respondí lo mismo que a ti “Aquella persona es la mamá de mi hija, mi esposa es ella”.

Así que no te preocupes.

Dios mío, se me cayeron los calzones —discúlpame amiga, de verdad, discúlpame, es que yo pensé que eran la misma— y en lugar de componerle la regué más, pero ella muy dulce me dijo que no me preocupara.

Miré hacia todos lados mientras sonreía, mis ojos estaban desorbitados, me miraba los tenis, pensaba en un tema para cambiar la conversación, pero sólo pude decir —Bueno, nos vemos la próxima semana, fue un gusto verlos y compartir la clase—.

Y salí huyendo despavorido, hasta choqué con la puerta de los vestidores.

Moraleja: nunca de los nunca digan que ya conocen a alguien, mejor fijan demencia y preséntense como si fuera la primera vez.

¡Claro! Chinguen al guapo

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