Sábado, 29 de Abril de 2017

Saw (Juego Macabro por unos zapatos)

Por Yonadab Cabrera / /

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Sentí su mirada y se me enchinó la piel, parecía pellejo de gallina, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, se me erizó la piel, el cabello se me levantó y tuve una fea sensación.

Me recorrió de arriba a abajo con su mirada penetrante, bufó y clavó por varios segundos su mirada en el piso, en ese momento supe que todo estaba perdido.

No le acepté ni el saludo, pues a la menor distracción iba a despertar en una casa clandestina con cientos de trampas, en un domicilio desconocido y con 3 horas de vida para encontrar la salida.

Sí, lo sé, se preguntarán qué hice para merecer tan cruel final. 

Se preguntarán si fue muy grave, tan grave lo que hice como para tener un destino como los personajes de Saw.

Y también deben cuestionarse si alguien puede ser tan inhumano como para realizar los crímenes más atroces contra una persona. 

Yo tampoco lo hubiera crecido de no ser por esa mirada con la que aún sueño. Siento que él, Augusto, entrará por la ventana y me cortará los pies con un serrucho y todo por los malditos zapatos rosas.

Sí, por unos zapatos rosas que por si fuera poco me sacan ampollas iba a perder mis pies, me iban a meter cuchillo hasta perder mis pies y todo por unos zapatos o eso pensé.

Resulta que hace muchos años a mi querida y sacrosanta mami, le dio por vender calzones, los calzones más caros que se pudiera imaginar.

Y como de malas, el catálogo de calzones que se lavan solos cayó en manos de Augusto, conocido por ser un deudor de calzones y me quedó a deber miles de pesos por esa mercancía que jamás pagó.

Y hace dos años, mi muy adorada Selene Ríos justa como siempre y reclamando justicia para los indefensos, encontró un bazar de cosas de este joven muchacho, entonces me dijo:

"Cóbrate ahora, yo lo distraigo y tú te llevas los zapatos rosas con los que siempre has soñado", me dijo como siempre en tono regañón.

Tomé los zapatos rosas que siempre soñé, los escondí y los usé. Siempre procuré traerlos cuando sabía que por ninguna circunstancia vería a Augusto, hasta aquella noche en la que nos topamos.

Yo: Hola Augusto, está hermosa la noche, mira la luna.

Augusto: Hola Yona, sí está muy bonita...

Ni siquiera terminó de hablar cuando bajó su mirada y vio los zapatos. En ese momento, cambió su tono de piel, se tornó roja, le salía humo de la nariz y orejas, no le quitó la vista a los  zapatos mientras yo sentía como el miedo se apoderaba de mí.

Quise correr, gritar, hasta desmayarme, pero mi cuerpo no tuvo ninguna reacción, sólo pensaba: "No mames, ya te cargó, te cortará los pies con un serrucho como en Saw para tener de nuevo los zapatos", me repetía una y otra vez con sensación de pánico.

Me dio la garrotera y reaccioné hasta que él ya no estaba, y mientras iba por el serrucho aproveché para escapar, aplicando la de "pies Pa' que los quiero".

Moraleja: nunca usen algo que le cobren a alguien más delante de esa persona.

Claro! Chinguen al guapo

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