Thursday, 23 de November de 2017

Animales raros que matan

Por Yonadab Cabrera / /

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Siempre creí que muchos animales eran mitológicos, producto de la imaginación del hombre.

Sabía de la existencia de otros, pero nunca pensé llegarlos a ver de cerca o peor aún, sufrir sus embestidas y ataques, pues los parajes en los que habitan eran muy lejanos a mí.

Qué equivocado estaba. Quede tan sorprendido como Javier López Díaz cuando anunció hace años que una víbora de cascabel mordió a un muchacho en el cerro de Amalucan.

Sí, una víbora de cascabel en una mancha verde dentro de la mancha urbana.

Así me sentí hace dos semanas que viajé con el reportero Jesús Viñas al paraje inhóspito de Oriental denominado “La Célula”.

¿Qué hacíamos en “La Célula”?

Un reportaje sobre las condiciones en las que se encuentra el “Elefante blanco” marinista.

¿Qué encontramos?

Una mosca verde, enorme, con espinas en las patas que no nos dejaba en paz, nos persiguió por todas las instalaciones, nos acosaba, volaba a nuestro alrededor y cuando nos dimos cuenta, no era la única, tenía muchas moscas hijitas que juntas hacían un enjambre.

Total, que no pensamos que causara algún peligro, o incluso la muerte, pues a final de cuentas era una simple mosca verde.

Sólo dimensioné la peligrosidad de la mosca verde —que no era panteonera, ni de basura, ni de comida, tal vez africana o una especie rara venida de otro continente— hasta que se paró sobre mi espalda y me encajó sus patas con espinas y me clavó su aguijón venenoso y agudo.

Grité como loco desquiciado debido al dolor, me sacudí, brinqué y corrí de un lado a otro, pidiendo a Chucho Viñas que me la quitara a como dé lugar. Pero por más que manoteaba, que le pegaba, la puta mosca estaba bien pegada a mi espalda.

Hasta que la aplastó y luego la embarré en el piso, pero ya me había causado mucho daño.

***

Semanas antes, en un bello día de verano fui a recorrer la Mixteca poblana en busca de “Los Ahuehuetes”. Después de pasar por un camino desolado, de ver las liebres correr, llegué. Estaba muy feliz al observar el agua turquesa de un nacimiento de manantial, se sentía tibia.

Lo que jamás imaginé, es que entre el lodo de la orilla del nacimiento del agua y entre las raíces de los árboles y una que otra planta, se escondía un ser verdaderamente peligroso, asqueroso y mortal. Caminaba felizmente hacia el nacimiento de agua para echarme un clavado, cuando de pronto algo brincó del lodo y se me incrustó en la pierna.

Era una sanguijuela, sí, una sanguijuela. Grité como niña, la quise sacudir pero solo sentí su textura babosa, y cada vez se me encarnaba más, hasta que llegó mi súper héroe y después de unos minutos de tener una lucha feroz con el ser del mal, por fin logró arrancarlo de mi piel, dejándome un hoyo y un dolor insoportable.

Moraleja: Tengan cuidado en la calle, en el campo, la oficina, la escuela o el hogar, pues nunca saben qué animal los puede atacar.

¡Claro! Chinguen al guapo. 

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