Jueves, 23 de Marzo de 2017

Que me revienta la tacha

Por Dandy Pipiris / /

Central de Abastos

Ustedes no saben… 

Pero tengo algo que revelarles. 

Mi chamba en la zona de frutas y verduras la combino como chofer de microbús.

Me da un poquito de pena. Un poquis. Pero queda entre nosotros, ¿verdad?

Cada que puedo o que me falta varo para acabar la quincena me meto de chafirete en la Ruta Azteca.

Y no me da pena.

Pena robar y que te cachen.

Pero lo que sí me da un poquito de pena es admitirles muchachos que cuando no puedo con mi ritmo de chamba le hago a las drogas.

Digo, ansia como lo leen. 

Lo hago por necesidad.

A veces estoy tan cansado de mis múltiples actividades que debo entrarle a eso del refresco y meterme Coca-Cola. 

No es fácil llevarle los tamales al puesto de mi mamacita santa, disciplinar a zapes y mazapanazos a mis chamacos, chambearle con mi diablito empujando la verdura y también la fruta en la central de abastos. 

Y todavía llegar a cumplirle a mi vieja en las noches, pues está cabrón.

A eso súmenle hacerle en las noches de chafirete entre Ciudad Judicial y la Rivera Anaya.

Por eso luego tengo que entrarle a las drogas muchachos.

Sin un poco de perico no acabo el día.

Y encima me voy enterando que el meterse perico la gente lo hace no por necesidad, como su servilleta, sino por mera diversión.

Es más, no sé a quién se le ocurrió esa mamarrachada de las llamadas “drogas recreativas”.

Ay Diosito y eso con qué se comen. 

Apenas le pregunté a mi sobrino el Kevin Brayan de Jesús que qué era eso de las drogas recreativas.

Y me contó de las tachas.

Por fin entendí la rola de la Galaxia, esa de las tachas y perico.

Yo conocía el perico. 

Y hasta las guacamayas.

Pero no la tacha.

Hasta que me la presentó mi sobrino que se dice milanesial. O millenial, o no sé cómo se le dice. 

Es más, me tuve que empujar una tacha para saber qué se sentía.

Y la neta no sentía ni madres. 

Hasta que mi sobrino me llevó a un antro de mala muerte con música punchis punchis. Que según es ideal para eso de la drogada a gusto.

Carajo, no me pasaba ni maiz.

Puro punchis punchis, ni una de mis Yaguarú. Y esa cosa pues no me hacía efecto.

Hasta que mocos…

Me dio algo.

Así… Vi lucecitas. Sentí que se entumía el occipucio. 

La neta no sé cómo explicarles…

Pero encontré una foto de un actorcete de cuarta… Ajá uno de esos de Televisa que nomás se hizo famoso por salir en un video mientras se jalaba el ganso. 

Un tal Polo Polo Morín… O algo así. Ah no, Polo Morín.

Según mi sobrina la Britanny, que también es milenial, vio a este actor hasta el huevo en el concierto de Justin Biveeeer… O como se escriba. 

Así que si ustedes no saben cómo es que te reviente la tacha pues aquí está la ilustración para entenderla.

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Así es… La quijada se te extiende. Las manitas se te aguangan. Los calzones se te hacen yo-yo.

No sé de hecho si este muchacho Polo Morín estaba húmedo por el Justin o en verdad ya le había reventado ya la tacha.

Así que mejor no prueben las drogas, neta.

Se van a ver bien imbéciles. 

Como Polo Morín.

Dejen eso de las drogas recreativas. 

Uno como quiera, uno tiene que chambear

¿Pero y las criaturas?

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