Miércoles, 22 de Febrero de 2017

La vergüenza de ser gobernada por Peña Nieto (y la negativa de Hillary Clinton)

Por Selene Rios Andraca / /

Hoy descubrí que soy de esas treintañeras que ha envejecido trágicamente y que los millenials y zellenials amenazan mi existencia.Llevo más de tres horas discutiendo en la redacción de CENTRAL por la renuncia de Nicolás Alvarado a Tv UNAM y sus respectivas recomendaciones de Conapred, la trascendencia de Por qué me haces llorar en las pedas a eso de las cuatro de la mañana, qué es una máquina de escribir y por qué mi teclado no tiene pad numérico ni patitas para recargarlo y la imposibilidad de poner las tildes como lo hacíamos las personas normales cuando íbamos al café internet.

Ay Diaaas mía…

La única alternativa que encontré para entenderle al Snapchat, al Instagram y a mi nuevo perfil en feis que gracias a ti ya es Fan Page —guiño, guiño—, fue contratar a un millenialy a un chairo en la oficina y tenerlos aquí tiempo completo para que me expliquen exactamente por qué para todo dicen par favar, aoc, yolo —el cuarentón de la redacción me propuso incluir la frase: ola k ase, lo abracé para consolarlo porque su frase es muy 2008, aunque en el fondo me sentí mejor, porque hay personas que están peor que yo—, para que me detallen por qué chingados no conocen al Juanga y cómo está eso de que Maluma y J. Balvin son dos personas distintas.

Muchos de ustedes tal vez no entiendan un carajo de lo que estoy hablando y quizá crean que los medicamentos que me sambuten cada semana me están dejando loca, pero no es así. Si no entendiste una coma del párrafo anterior, significa que tu situación con respecto a la modernidá está peor que la mía. Y eso me hace sentir un poco mejor.

Sólo un poco. Porque cada día que pasa es más difícil levantarse con ánimos en este país. Si no se muere el Divo de Juárez; el director de Tv UNAM escribe contra las lentejuelas por nacas; llega de invitado de honor Donald Trump; el gobierno peñista paga 15 millones de dólares para espiar a quién sabe quién; Fernández Noroña arma un plantón por su celular afuera de Casa Aguayo y Rafael Moreno Valle sigue de gira artística por todo el país para ganarle a Margarita Zavala, el caso es que diario se levanta uno con una desgracia encima.

Creo que nunca me había dado tanta pena y coraje ser mexicana como la semana pasada. Ni siquiera cuando me quise hacer pasar por gringa en un bar en Acapulco para que me hicieran el descuento del pomo y terminé cenando unos tacos luego de que nos corrieran a todos tras mi escena: you don´t know me. Vaya, vaya, tenía 17 o 18 años.

Debo confesar que Enrique Peña Nieto me ha hecho sentir más cosas que el mismísimo Moreno Valle —a pesar de mi obsesión encarnizada—. Primero su Casa Blanca de más 7 de millones de dólares; la devaluación del peso; los gasolinazos que según él no son gasolinazos; su investigación ficticia sobre los 43 de Ayotzinapa;su máquina de escribir con candados especiales para el plagio; su tesis mal hecha; su informe con las juventudes priistas y por supuesto, su demencial ocurrencia de invitar a suelo mexicano —y para besarle las patas— a Donald Trump.

Para favaaaaaaar.

De entre todas las tarugadas que he visto últimamente —entre ellas, la de Moreno Valle de re contratar a la empresa Construcciones y Dragados del Suereste que metió popotes en lugar de drenaje en el puente elevado de la 31 y entregó con retraso la Esteban de Antuñano—, la invitación al candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos es de las más monumentales y que nos dejó a cada uno de los millones de mexicanos y los que están por nacer en un ridiculazo mundial que difícilmente lograremos superar a pesar del tiempo, la distancia y del perdón de Dios. Ni hablar de la negativa rotunda de Hillary Clinton a visitar México y si quiera, al menos, responderle al chamaqueado presidente mexicano. 

La neta: oso mil que Peña Nieto sea nuestro presidente. Claro, no asumo la responsabilidad del asunto, porque yo, gracias a mi chairez incipiente, voté por Andrés Manuel, sin embargo, eso no mitiga la vergüenza que siento en todo mi medicado y lampiño ser.

Entiendo que el Presidente tenga pocas ideas y que la mayoría de ellas, sean erróneas o frágiles —por usar dos eufemismos—. A caso ¿no hay un gasto anual superior a los 60 millones de pesos de parte de Presidencia de la República para la Coordinación de Asesores que, se supone, está integrada por personas con mejores ideas y mejores neuronas?

Digo, para el 2016 la Coordinación de Asesores tiene un presupuesto de 48 millones 620 mil pesos, lo que considero un fraude espectacular.

Por ejemplo:

El jueves pasado cuando Enrique Peña se aventó su informe cool con las juventudes tricolores —en cuyo escenario nomás faltó el enano, el alien y la botarga del doctor Simi—, dijo que él prometió con la Reforma Energética que ya no habría gasolinazos y que lo cumplió, pero que nunca dijo que no habría incrementos al combustible.

Watafaaác.

Mi duda es: ¿Qué cree nuestro presidente que es un gasolinazo?  ¿Qué se imaginará en su cabecita copetuda? ¿Una fiesta sexual entre bombas, mangueras y combustible?

Ay mi Dios.

Of course, tampoco hay que exigirle tanto al mexiquense porque el señor no sabía que existían las computadoras en 1991 y según él, como hizo su tesis en máquina de escribir, el plagio era imposible de hacer.

I-m-p-o-s-i-b-l-e.

Queridos millenials, ustedes no lo saben, pero cuando uno intentaba escribir un párrafo copiado/calcado en ese antiguo y mortal artefacto, la hoja se rompía, la cinta se deshacía en un ácido mortífero y las teclas desaparecían. Benditos ustedes que nunca sufrieron con una Olivetti como el pobre Peña.

En resumen, si tenemos de Presidente a  alguien que despilfarra más de 50 millones de pesos en asesores menos hábiles que él —otra vez el eufemismo—, que invita a Donald Trump a México para que se termine de orinar en nosotros con su muro y su xenofobia, que invitó primero al republicano antes que a la candidata de Obama, que no conocía las computadoras en 1991, que cree que el plagio era ajeno en máquina de escribir, que no entiende lo que es un gasolinazo y que tiene el peso sumido en una depresión ¿nos debe indignar que el mismísimo protagonista de los melodramas “Lo bueno no se cuenta, pero cuenta mucho, nos deje como el hazmerreír mundial?

Naaa.

Bien ganado lo tenemos.

Miau.

 

 

  

 

 

 

 

 

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