Martes, 28 de Marzo de 2017

Política

Una última historia para nuestra Selene Ríos

- Foto: Tere Murillo/ Cambio

Rayas, te cantamos. Estuvimos frente a ti, tomados de las manos, cantando. Tu familia, tus centrales, tus amigos, tus fans, tu Rueda.

Por Viridiana Lozano Ortíz/ @Viriloz / / Ciudad de Puebla

Un día seremos mar y nuestras olas llegarán libres a cada playa que quisiste visitar,

haremos espuma para tomar el sol y seremos marea cuando queramos viajar.

Siempre tendremos Mazunte.

Ya lo sabes.La madrugada del lunes 4 de diciembre a las 3:00 de la mañana, tu mamá ─quien una vez más se negó a dejar el hospital para irse a descansar al departamento─ entró a tu cuarto en terapia intensiva porque te iban a sedar, tenías problemas para respirar y necesitaban entubarte de nuevo.

Tomaste una decisión que conocimos todos unas horas más tarde. Irlanda ya estaba en Chilpancingo, Quimi con Dania en Puebla, todos corrimos para despedirnos de ti. Había llegado el momento de dejarte descansar.

Half coca lisa de mi corazón, sabes que pudimos entrar todavía a despedirnos de ti, estabas muy dormidita, esta vez no alzaste tu brazo ni rodaron lágrimas por tus mejillas. Sé que nos escuchaste. Tomamos tus manos e Irlanda no dejó de acariciar tus piernas.

A las 15:45 abandonaste tu cuerpo y tu espíritu nos abrazó a cada uno de nosotros cuando te acompañamos a ver el monitor ponerse en ceros. El monitor del que no quitabas la mirada, el que te decía cuando tu corazón navegante se agitaba o cuando parecía que comenzaba a caer más profundo.

Nena Mota, tu salvadora, también pudo despedirse y salió tan atolondrada que  no se quitó la bata de visita. 

Arturo decidió que quería llevarte a la casa. Nos regaló la mejor despedida que pudiste tener. No quiero entretener tu lectura con los trámites tortuosos, ya sé, la estoy deteniendo en este momento, pero es necesario decir que todo eso nos llevó a que llegaras a Puebla de madrugada.

¿Recuerdas la ropa que te mandé para que salieras hace unas semanas del hospital? No la pudiste usar aquella vez porque necesitabas algo más holgado. Pero esa fue la ropa que llevó tu mami para que fueras de regreso. Te veías muy linda.

Ita, Zeus y nuestra querida Gaby, se encargaron de los preparativos, te pusieron una hermosa carpa, adornaron con flores de colores. “¡Carajo, ni en mi boda hubiera estado tan adornado!”, estoy segura que dijiste.

Estuviste en tu sala, afuera era muy frio, pero sirvió de una linda vitrina para admirarte. Te pusieron tu peluca rubia, el saco blanco que te regaló Irlanda, y tu trapito de tigrito. ¡Fue el look perfecto!

Tuvimos algunos problemas con tus tenis de reggaetonera, te fuiste conmigo de compras para conseguirlos, estoy segura que te encantaron. Al final los llevaste puestos para que no te dolieran tus pies en el camino.

Junto a tu cuerpo estaba tu bicicleta, Yona la acomodó y casi te tira, amiga, morimos de la risa. Estaba una linda foto que te imprimió Tere Murillo, flores de colores que escogieron Zeus, Ita y Gaby, y el cuadro de tu pulmón floreado que te hice.

Zeus imprimió fotos de tu sesión en 360 Grados, Quimi neceó con que imprimiéramos tus mejores columnas en Cambio y CENTRAL, y las historias de tu blog. En verdad, quedó hermoso todo.

Todo listo…

Las horas entre el llanto y las risas

¡Cuánta gente amigola! Te juro que cada media hora observaba las sillas y había nuevas personas y nuevas personas y nuevas personas. Quimi intentó que cerráramos la calle o que, al menos, colocáramos una carpa en la banqueta. Por supuesto no lo dejamos.

Arturo Márquez ─ese cabrón que siempre anda ocupado─ estuvo todo el tiempo con nosotros. Desde el lunes en el hospital, su misión era la mejor y la más adecuada: alimentarnos.

No quería decirte pero la noche del lunes llevó tacos al pastor al hospital,  nos  los comimos recargados en la cajuela. Pudimos escuchar tu reclamo por no buscar un “restaurante decente”.

Se reivindicó. El lunes llegó con una cacerola de chile con huevo, tu favorito, lo mandó su papá desde Zacatlán.

Por la tarde, la tía Lupita nos llevó un mole con arroz exquisito. Fuimos al radio amiga, no, no se canceló, Rueda nos pidió ir para rendirte un homenaje que transmitimos en tu funeral, gracias obviamente a Gaby, Raúl y sus dos nenas.

Ahí estuvo Mario Alberto para recordar la historia de cuando llegaste a Cambio. Decenas de personas mandaron sus condolencias.

A tu casa llegó Pepe Sánchez Carbo, con el compromiso firme.

Ahí estuvieron tus alumnas de la Prepa Ibero, en donde, de manera simultánea se celebró una misa. 

Contamos cien veces la amarga historia: tos, cáncer, pulmón, Arrieta, huesos, inmuno, esperanza, agua, pericardio, tubo, terapia intensiva, departamento, debilidad, hospital, tubo. Ese maldito tubo respirador. 

El homenaje siguió, la noche nos esperó en tu jardín (te prometo que no quedó maltratado) con un micrófono instalado, arreglos flores y videos con tus fotografías. Ahí cada uno contó alguna anécdota, lección o recuerdo a tu lado. Rueda habló de tu salida de Cambio y yo de nuestra aventura para abrir CENTRAL.

Sí, lo hice, conté cómo Yona quiso que nos llamáramos “Los decadentes”, y cómo tú te burlaste y le dijiste ¡Pues ya mejor nos llamamos: Los Pendejos!”. Amiga hermosa, todos reímos mucho, lloramos, nos abrazamos.

Cuando nuestra querida amiga Gaby tomó valor para comenzar a hablar, llegaron los mariachis al son de “¿Por qué me haces llorar?”. Yona rompió en llanto y casi cae desmayado. A todos nos sacó las lágrimas que habíamos tratado de reprimir durante el día.

¿Sabes qué mariachis fueron? Los de mi boda, los llevó Pepe y Betty. Ellos sabían quién eras, recordaron que cantaron contigo en la fiesta.

En medio de “Así fue” llegó el gobernador, montó una guardia en tu honor. 

Ahí estuvo Sergio para pedirnos a todos que pensaramos en la lección de vida que a cada uno nos habías dejado. 

Rayas, te cantamos. Estuvimos frente a ti, tomados de las manos, cantando. Tu familia, tus centrales, tus amigos, tus fans, tu Rueda.

Hay dos cosas que debo contarte en privado…
Que no me atrape lo mundano
si prefiero no estar quieto
Que no me pongan en un aprieto
por algo que no está en mi mano

Nadie contuvo las lágrimas amiga, Clemen nos ayudó con la letra. Los centrales ni cantaron porque no podían dejar de llorar. Ay amiga ¡qué canción! Te recordamos en tu último concierto de Bunbury, tal feliz.

Que no me consuman si como sumo
soy un regalo
Que no le cause a nadie espanto
si yo mismo me acuso

Ahí estabas abrazada a nosotros, cantando con lágrimas en los ojos.

Soy vagabundo, siempre de paso de
Aquí de allá, de todo mundo
No tengo dueño, no soy tu esclavo
Un poco tuyo y de todo mundo

Tus primos llevaron mezcal, nadie aguantó más de dos. Bueno, Yona casi repite su ¿Qué pasó ayer? Pero alguna fuerza extraña lo regresó a la sobriedad.

Marco tomó un trago y se paró discreto porque pensó que vomitaba, estuvo chistoso como una hora y se comió un pan y un café para bajársela.

Sí, sí hubo comida suficiente.

Cuando dejaste la casa

Hoy fue el día más complicado, tenías que dejar la sala de tu casa. Todos hicimos un “círculo de amor”, así lo llamó Rueda ¿yo qué?, para despedirnos de ti.

No faltó el grito de: “A la triquiti triqui raaaaaaa”, organizado por Yona. Selenita, todos supimos la porra ¡lo lograste!

Rueda y tú tía Angelita se perdonaron. 

Sí, sí hubo comida. Arturito Márquez, nuestro proveedor estrella, nos llevó costillas y pollo, y pan de Zacatlán.

Amiga qué difícil fue verte dejar tu casa, tus flores, tu cocina, tu ropa, tus muebles, tus libros. Todo en medio de un aplauso, un aplauso largo que se coló desde una puesta en escena exitosa. Largo y de pie. 

Mi querida Selene, partiste hermosa y radiante, llena de amor y las mejores historias. Te pusieron tus tenis, amiga, te fuiste con tus tenis para que tus pies no te duelan cuando camines sobre piedras.

¡Hasta aquí mi reporte!

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